Por lo visto ya no.
No quieres verme. No quieres saber nada de mí. No quieres oírme. No quieres perdonarme. ¿Por qué? Sólo por las estupideces de otras personas, no tiene más vuelta de hoja. ¿Eres feliz actuando de esta forma? Al menos yo creo que no.
Después de varios meses y aún sigue escapando a mi comprensión cómo pudo ocurrir esto, cómo se pudieron tornar las cosas de esta forma. Fue como si nuestras vidas hubieran estado unidas por un hilo invisible, pero fuerte, y de repente, sin aviso previo, alguien llegara y lo cortara, destruyéndolo todo.
No me canso de repetir que me gustaría arreglar las cosas contigo, volver a aquel punto de partida tan maravilloso que nos hacía felices a ambos. La pega es que no todo puede ser como yo quiero. Por los visto tus deseos no son los mismos, ahora te caigo mal, ya no somos nada. Tu presencia en mi vida fue muy importante y lo sigue siendo, a pesar de todo el daño que me has hecho, voluntaria o involuntariamente.
Si supiera que lees esto… ¡Cuántas cosas te diría! Mas sé que no es así, que ni siquiera conoces la existencia de estas misérrimas letras que te dedico, estos sentimientos que intento convertir en palabras. El dolor que siento tras tu pérdida sólo tú lo puedes sanar. El error del cálculo reside en que tú ya no eres el mismo del que yo me enamoré hace un año.
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