Enfrentarse al pasado.
Todos los días toca enfrentarse al pasado. Unas veces es menos doloroso que otras, sin embargo, hay ocasiones en las que no es nada doloroso, simplemente es alegría y felicidad.
Puede que lamentes algo que no hiciste por miedo, o algo que hiciste y te salió mal. Puede que te alegres de los triunfos que conseguiste, o de los amigos que tenías y aún conservas.
Cuando recuerdas esas personas que perdiste sólo puedes adoptar dos actitudes: o alegría por esos maravillosos momentos que viviste en su compañía, o tristeza por saber que esos momentos ya no se podrán repetir, que no podrán volver a ocurrir y que no puedes crear más recuerdos con esas personas.
De todas formas una cosa es que esos recuerdos vengan a tu mente y, otra muy diferente, que veas a esas personas y te des cuenta de todo lo que no pudo ser, a pesar del empeño, la fuerza y la ilusión que pusiste en ello.
Lo mejor que puedes hacer, por muy mal que hayan salido las cosas, es afrontarlo todo con una enorme sonrisa. No importa que te hicieran mucho daño o poco, o que te hicieran inmensamente feliz, sólo debes sonreírle al mundo, y él te sonreirá a ti. Al fin y al cabo, lo hecho está hecho, y no puedes cambiarlo.
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