Mutua destrucción.
¡Qué decepción más grande! Y pensar que durante un tiempo llegué a creer que eras diferente... Todo un error, eso es lo que somos ahoramismo el uno para el otro. Estamos en un punto de no retorno. Volver a lo de antes requeriría inmensas dosis de humildad, humildad que sabemos que ninguno de los dos posee.
El orgullo nos ha matado, ha acabado con nosotros y la destrucción no parece tener fin. Nos dejamos llevar por los demás, rumores que llegaban a nuestros oídos, opiniones en contra del otro... Creo que nunca fuimos totalmente conscientes de cuando todo comenzó a cambiar. Un día estábamos bien y al otro, ya nada era lo mismo. Ni siquiera de un día para otro, sino de un momento para otro.
Estas disputas absurdas no conducen a nada. Nos destruimos mutuamente creyendo que en la destrucción del otro encontraremos la felicidad, pero no nos damos cuenta de que no es así, de que no lo será por mucho que nos empeñemos en ello. Estas absurdas acciones lo único que consiguen es degradarnos más y más como personas.
¿Qué conseguimos con esto? Explícamelo tú, porque yo cada día que pasa etsoy más lejos de hallar la respuesta. Todo lo que hay, había o pudo haber entre nosotros ha quedado reducido a las cenizas, irreconocible. Tal vez te hayan convencido de que destruyéndonos tú te sentirás mejor, aunque dudo que a largo plazo eso te funcione.
Como suelen decir por ahí, el tiempo pone a cada uno en su lugar, ya veremos en qué lugar quedamos tú y yo en todo este lío.
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